Desmonts tiene un trazo muy propio de rasgos generalmente fuertes y colores vivos y planos. Viendo sus dibujos es inevitable asociarlos a formas de Kandinsky, Picasso o el “op art” (Vasarely) en colores, o el pop art, por ejemplo. Otros, deben algo a la tradición grotesca española (Goya, Solana…) o extranjera (Groz) y también a los dibujantes de cómics underground, pero en más abstracto y esperpéntico (el autor coleccionó la revista El Vibora). Sus hombrecillos, sus gordas y demás personajes son deformes en su mayoría, auténticos monstruos. Monstruos que expresan alegría o placer, dolor o humillación (¡tanta inteligencia para percibir las miserias de la vida!). Algunos de sus dibujos violentan al espectador, como suele pasar con la obra de Bacon. Otros son pura estética. En ella aflora gran parte de la pintura del siglo XX pasada por su cedazo. Pero, sin duda, el pintor que más le influyó fue el norteamericano Philip Guston. Su espíritu le habita. Basta tener en cuenta el uso del nombre GUSTON, motivo único y claro de uno de sus monos.
Desmonts fue un lector empedernido, devoto de Kafka, Faulkner, Joyce, Beckett, Céline, Bukowski (de su poesía, en especial) o Bernhard. También de Stevenson, Conrad y tantos otros. Su cultura literaria era verdaderamente amplia, pero los que dejan una impronta más clara en su obra son los autores de la literatura grotesca española: Los Sueños y El Buscón de Quevedo, la picaresca de Mateo Alemán, los esperpentos de Valle-Inclán… y sobre todo la literatura de lo sórdido de los años cuarenta, cincuenta y sesenta: el tremendismo de Cela, Tiempo de silencio de Martín Santos, etc. Esas influencias se refieren más a un espíritu que a sus formas. El punto de vista de Desmonts suele ser una primera segunda o tercera persona sin que esta visión haga diferencias entre narrador y personajes en cuanto al trato. Sus hombrecillos y mujercillas, narradores o personajes, son caricaturescos. Su estilo es algo conceptista, concentrado, retorcido. También practicó algunas escapadas por la ciencia ficción y algunas salidas surrealistas o fantásticas, como el cuento “Poema pedagógico” u “Orgasmos” en Los tranvías de Praga, que constituyen sus relatos más imaginativos. En la última etapa de su vida escribió cuentos con la restricción de no ocupar más de dos cuartillas, lo cual marca una confluencia con sus dibujos en lo pequeño y da a su obra plástica y literaria una fuerte cohesión.